Martes, Diciembre 11th, 2007...6:34 pm
ACTIVIDADES HISTORIA
EL TRIBUNAL DEL SANTO OFICIO: LA INQUISICION
El tribunal de la Inquisición, impuesto por los Reyes Católicos en Castilla y Aragón, continuó su labor de juzgar a los herejes en los siglos siguientes. A partir del análisis de estos documentos se puede descubrir la actuación de este tribunal.
JUICIOS CONTRAPUESTOS
La bula del 1 de noviembre de 1478, promulgada por el papa Sixto IV, subordinando el Tribunal del Santo Oficio a los Reyes Católicos. constituye el documento fundacional de la Inquisición española. Esta institución prolongaría su existencia durante tres siglos y medio hasta su abolición el 15 de julio de 1834, durante la regencia de María Cristina.
Creada para solucionar el problema de los falsos conversos llegó a condicionar el desenvolvimiento de la vida social, política y, espiritual española de tal manera que, hoy día, es un punto de referencia obligado para estudiar la España de los siglos XVI, XVII y XVIII.
Precisamente por la influencia decisiva de la Inquisición sobre la sociedad española, los juicios y opiniones sobre ella van desde los que la consideran baluarte de la intolerancia y responsable del atraso cultural y del aislamiento de España, hasta los que ven en ella el elemento determinante de la unidad religiosa y un factor de primer orden en la consolidación de su unidad política.
Auto de fe en Madrid
Se inició la ceremonia con una procesión que salió de la iglesia de Santa María. La marcha era precedida por cien carboneros, todos armados con pica y mosquetes, ya que ellos eran los que proporcionaban la leña con que eran quemados los criminales. Eran seguidos por dominicos, precedidos por una cruz blanca. Luego venía el Duque de Medinaceli, llevando el estandarte de la Inquisición. Después venía una gran cruz cubierta de crespón negro, seguida de varios grandes y otras personas de calidad que eran familiares de la Inquisición. La marcha era cerrada por 50 guardias de la Inquisición, vestidos de negro y blanco. Después vinieron 30 hombres, portando imágenes de cartón de tamaño natural. Algunas de estas representaban a los que habían muerto en prisión, cuyos huesos eran traídos asimismo en baúles, en los que habían sido pintadas llamas.
Tras ellos vinieron doce hombres y mujeres, con cuerdas alrededor de sus cuellos y velas en las manos, con caperuzas de cartón de tres pies de altura, en las cuales se habían escrito sus delitos. Iban seguidos por otros 50, que también llevaban velas en sus manos, vestidos con un sambenito amarillo encima de una casaca verde sin mangas, con una cruz roja de San Andrés delante y otra detrás. Seguidamente, venían veinte delincuentes más, de ambos sexos, que habían reincidido tres veces en sus anteriores errores y que eran condenados a las llamas. Los que habían dado algunas muestras de arrepentimiento serían estrangulados antes de ser quemados; los restantes, por haber persistido obstinadamente en sus errores, iban a ser quemados vivos.
Estos llevaban sambenitos de tela, en los que había pintados demonios y llamas, así como en sus caperuzas.
El Gran Inquisidor fue el último en llegar, vestido de púrpura, acompañado por el presidente del Consejo de Castilla.
Entonces comenzó la celebración de la misa
Hacia las doce comenzaron a leer la sentencia a los delincuentes condenados, quienes, seguidamente, eran metidos uno a uno en dichas jaulas para que todos los conocieran. La ceremonia duró hasta las nueve de la noche y los delincuentes que habían sido condenados a ser quemados fueron entregados al brazo secular, y, siendo montados sobre asnos, fueron sacados y, a medianoche, ejecutados.
(Reelaboración a partir del relato de JOSFPH DEL OLMO: Relación histórica del auto general de fe que se celebró en Madrid este año de 1680.)
Costo de un Auto de Fe
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Auto de fe de Sevilla del 29 de marzo de 1648 |
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maravedís |
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Gastos generales Pintado de efigies y tela Milicia Obra del tablado Cena de soldados y mozos que llevaron estatuas Cera, toquillas y sombreros Traer a los acusados desde Córdoba Las viandas |
84.184 37.400 10.200 351.560 21 148 82.416 68.000 15.6680 |
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Total |
811 588 |
AH. N., Inquisición, leg. 5.047.)
Torturas
Las tres principales torturas eran la garrucha, la toca y el potro. La garrucha suponía el ser colgado por las muñecas de una polea en el techo, con grandes pesos sujetos a los pies. La víctima era alzada lentamente y de pronto era soltada de un estirón. El efecto era tensar y quizá dislocar los brazos y piernas. La toca o tortura del agua, era más complicada. La víctima era atada sobre un bastidor, la forzaban a abrir la boca y se le metía una toca o paño por la boca hasta la garganta para obligarle a tragar agua vertida lentamente de un jarro. La severidad de la tortura variaba de acuerdo con el número de jarros de agua empleados. El potro suponía ser atado fuertemente a un bastidor o batiqueta con cuerdas pasadas en torno al cuerpo y las extremidades, que eran controladas por el verdugo que las iba apretando mediante vueltas dadas a sus extremos.
(A. H. N., Inquisición, libro 1.226. ff. 605.609.)
LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI
1. La estructura de la supuesta secta brujeril
Muy abundante es lo que se ha impreso acerca de los brujos y brujas.
Hoy sabemos que la Inquisición, en éste como en otros casos, fue arrastrada a actuar por el celo de la justicia secular y por una ola de pánico de las que periódicamente dominaban el País Vasco y que esta vez se extendió sobre la zona del extremo noroeste de Navarra. Las autoridades civiles habían realizado ya muchos arrestos e incluso habían ejecutado a varias personas cuando la Suprema dio orden al tribunal de Logroño para que realizara una inspección en aquella zona.
El inquisidor don Juan Valle Alvarado fue comisionado para realizarla. Pasó varios meses en Zugarramurdi y recogió muchas denuncias, según las cuales quedaban inculpadas hasta cerca de trescientas personas por delitos de brujería, dejando aparte los niños. De estas personas fueron presas y llevadas a Logroño hasta cuarenta de las que parecieron más culpables.
El auto de fe de Logroño castigó a diferentes penas a varios maestros y «altos cargos» de la corte demoníaca. Según la relación, era «reina del aquelarre» de Zugarramurdi una mujer, llamada Graciana de Barrenechea.
2. Actos cometidos por los sectarios
Esto es lo que se dice de la estructura particular de la secta brujeril de Zugarramurdi y los pueblos vecinos. Con respecto a los actos de los brujos hay que señalar que la relación habla de dos clases de «misterios»: unos mayores y otros menores, según el orden que sigue. Todos los viernes del año había juntas o aquelarres corrientes. Pero en vísperas de ciertas fiestas del año, es decir, las tres Pascuas, las noches de Reyes, la Asunción, Corpus Christi, Todos los Santos, la Purificación, la Natividad de la Virgen y la noche de San Juan celebraban una fiesta más solemne para hacer adoración al Demonio. He aquí, pues, fiestas grandes y fiestas chicas, aquelarres de primera y aquelarres de segunda o tercera clase, como en la sociedad aldeana hay misas, funerales, etc.
Pero dejando a un lado los sacrilegios propiamente dichos, los brujos y brujas de Zugarramurdi realizaban otras acciones como:
I) Metamorfosis: El Demonio los transforma en puercos, cabras y ovejas, yeguas y otros animales, según que es más a propósito para sus intentos.
II) Maleficios contra campos y bestias.
«Muchas vezes en el año, siempre que los frutos y panes comienzan a florescer, hazen polvos y ponzoñas, y para esto el Demonio aparta a los que ha dado poder y dignidad de hazer ponzoñas y les díze el día en que las han de hazer, y les reparte los campos, para que en quadrillas vayan a buscar las savandijas y cosas de que se an de hazer las dichas ponzoñas:
Una vez hechos salen del aquelarre en figura de diferentes animales con el Demonio a la cabeza llevando la caldera con los polvos maléficos y así se derraman sobre los sitios que han de sufrir el mal diciendo el Demonio:
‑«Polvos, polvos, piérdase todo» o «piérdase la mitad» «y salvo sea lo mío.»
III) Maleficios a personas.
Producir enfermedades e incluso muertes fue otro de los actos atribuidos a los brujos. Graciana de Barrenechea, como reina del aquelarre, tenía muchas víctimas en su haber. Las muertes se procuraban dando los polvos maléficos envueltos en un pellejo de sapo a la persona a quien se quería matar o untándola con el ungüento, a la par que se decía: ‑El Señor te dé mal de muerte (o tal enfermedad por tanto tiempo).
IV) Vampirismo y necrofagia.
Para preservarlos de que los sacaran de sus casas se cuenta que en Vera de Bidasoa el vicario llevó a dormir a su casa, hasta cuarenta niños, poniéndolos a dormir en una sala grande. Antes de acostarse todos, el mismo vicario los bendecía y así dormían tranquilos, a pesar de que el Demonio mandó hacer sus juntas cerca de la casa del vicario: «e yvan todas las noches a ver si podían sacar, entrando por la puerta de la calle (aunque estavan cerradas) y por las ventanas, haziendo ruydo para poner miedo a los que estavan en casa, y que avian tenido grandes carcaxadas de risa y entretenimiento, por ver el cuydado y diligencia grande con que el vicario andava, con un sobrepelliz ‘ y estola y un libro en la una mano y en la otra un ysopo, echando agua bendita y conjurando a todos los muchachos: y que mas de treynta de los bruxos, se subieron a lo alto del tejado y allí hizieron mucho ruydo y quebraron muchas tejas, y por la dicha razón no pudieron sacar los dichos niños.»
Dieciocho personas de las acusadas fueron reconciliadas por haber confesado todas sus culpas y por haber pedido misericordia con lágrimas en los ojos. En prueba de magnanimidad los inquisidores quitaron el sambenito a María de lureteguia en el mismo auto. Pero, en cambio, la vieja María Zozaya, a pesar de haber confesado sus culpas, murió en la hoguera con otras seis personas más, que se habían resistido.
(Extracto del libro Las brujas y su mudo, de JULIO CARO BAROJA. Alianza Editorial, Madrid, 1969.)
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